
Ahora que parece que nuestro mundo está patas arriba y con nubes negras en el horizonte, conviene recordar que en la fase final de la Edad Media, al menos en los tres siglos anteriores al Renacimiento italiano, el mapamundi más preciso que se podía consultar era la «Tabula Rogeriana» (imagen de la Biblioteca Nacional de Francia), creada por el cartógrafo y geógrafo Al-Idrisi, nacido en Ceuta, formado en Córdoba y afincado durante la mayor parte de su vida en Palermo, en la corte del rey Rogelio II de Sicilia. Para nuestra forma de ver el mundo, el mapa de Al-Idrisi se encuentra patas arriba, con África en el norte y Europa en el sur. En 1998 el escritor uruguayo Eduardo Galeano publicó su libro Patas arriba: la escuela del mundo al revés, en el que ya nos daba cuenta de las muchas cosas que no marchaban del todo bien en los albores del siglo XXI.
En estas Galeanas confinadas me propongo hablar en parte de la importancia que tendrán los mapas para tratar de poner las cosas en su sitio, o al menos en el nuevo sitio que ocuparán después del coronavirus.