
En 1926 el arquitecto holandés Mart Stam presentó la silla tubular S33, una idea que abriría la puerta a muchos diseños de muebles del segundo cuarto del siglo XX. Stam, el hombre borrado, mostró su idea con un prototipo casero hecho con tuberías y angulares de plomo. En su concepción de la autoría (“contribución desinteresada y anónima a un saber universal”), le dio poca importancia a aquel descubrimiento, y años después sería un industrial (Anton Lorenz), interesado en explotar el invento, el que luchó en los tribunales por la autoría de la silla de Stam.
100 años después nos hemos propuesto avanzar en una derivada colectiva de aquella invención. Esperamos en breve poder mostrarla en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Hasta entonces, queda este recuerdo de la figura de Mart Stam y su silla S33.