
La isla Utopía fue descrita por Tomás Moro en una publicación de 1516. Al no dejar clara su procedencia etimológica, de eu-topos (buen-lugar) o de ou-topos (no-lugar), llegó a nosotros como sinónimo de una sociedad ideal pero inexistente. En el siglo XX tres obras literarias, «Un mundo feliz» de Aldous Huxley, «1984» de George Orwell y «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury, marcaron el camino de otro lugar, opuesto a Utopía, llamado Distopía.
Mientras que el mapa de Utopía ya venía descrito desde el origen, el mapa de Distopía todavía no se conoce. También, al contrario que la isla Utopía, el continente Distopía sí existe y se parece tal vez al momento presente. Para después del Coronavirus propongo aplicar lo que Italo Calvino pone en boca de Marco Polo en su libro Las Ciudades Invisibles: “el infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.”